lunes, 21 de noviembre de 2016

Cuerpo de cenizas

Me besó con un afán innecesario, no quería tardar bajo la excusa de no hacer daño cuando lo que quería era no hacerse daño, no lo aceptaba pero sus ojos no mentían, todos tenemos miedo de ir hasta lo profundo y no salir nunca más, sabía desde antes que sería el hasta nunca de una complicidad errada, un algo que no era nada pero que irracionalmente quería serlo todo, así que tome el último suspiro y lo atesoré, como se atesoran las monedas extranjeras, lo guardé en mi libreta de viajes, en mi bitácora interna, lo inmortalicé en el recuerdo, y entonces lo besé y me marché para que pudiese continuar tranquilo con su cabeza hecha un lío, entre sus letras y el frío que lo acaricia en las noches mientras duerme. Me gustaban sus caricias  y su mirada oculta bajo el ceño fruncido ambos sabíamos que no era más que deseo infundado, que yo comencé el juego y el decidió seguirlo, no había nada real aquí y tampoco duraría más de lo que tarda un fósforo en apagar, que yo era más perjudicial para el, aunque  dijese lo contrario, que mi cuerpo hecho de ceniza no era más que eso ceniza y así se cerró la puerta tras mi espalda y no miré hacía atrás, no esperaba que me detuvieran y el no esperaba que yo volviese, mis tres años, mis  tres noches, tres horas y tres segundos finalizaron.

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