Sus manos suaves acarician mi cuello, sus ojos inquietos gritan miles de palabras y lo veo allí haciendo me un sin fin de preguntas a las que no puedo darles una respuesta coherente. Mi pulso se acelera cada vez que se me acerca un poco solo un poco, y entonces yo me pregunto cosas que aún no se responder, y pasa, su labios me envuelven en un beso desesperado, ansioso, nervioso, lleno de una pasión infundada, una marea de emociones mutuas que solo el silencio reconoce, un secreto que se disuelve en el color negro de mi cerveza. Pronto se me agota el tiempo y quiero disolverlo entre mis poros, uno a uno, cada beso, envolverlo en un abrazo que no sea finito.
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