Llegué como de costumbre al café, ese día estaba más horrible de lo normal...todo era triste, solo el podía alegrar lo poco y lo mucho de ese día, " donde estás metido pendejo" pensé un poco. Enciendi un cigarrillo, tomé una servilleta, saque un lapicero y comence a garabatear alguna cosa que se me ocurriera...no importaba, tomé el celular y marqué pero no contestaba. Al rato apareció la jirafa con mirada perdida "que hubo loca...¿qué está haciendo?" Lo miré consternada y respondí: "pinto un mundo naranja" me miró atónito "un mundo naranja? Naranja su pelo yo veo eso a blanco y negro" así que me reí y le susurré " ¡la imaginación! Viejo úsela! " y todo a nuestro alrededor se tornó naranja y de pronto ya no estábamos en un café, estábamos en un prado. Me besaba y yo a el... me abrazaba y yo a el...lo miré, sonreí y tristemente ... susurré "lo amo viejo"
Nadie quiere un corazón roto. Los corazones rotos están un poco más sucios, más viejos, están llenos de esquirlas; les faltan partes. Es más fácil amar un corazón entero que amar uno roto, porque al roto hay que amarle todas las partes, incluso las ausentes.
viernes, 8 de noviembre de 2024
Torundas de algodón
Las nubes se mueven despacio, como un río en calma, van pasando una a una haciendo formitas de tortuga, yo me quedo tendida mirando como pasa el pequeño zoológico de algodón, el viento me golpea la cara o más bien el alma, respiro profundo cierro mis ojos y me transporto en mi pequeña burbuja espacial a los confines de mi mente, me dejo llevar y floto como una nube más...
Cuento de terror para personajes multipersonas
La maté, si lo confieso, la vi indefensa en el suelo y no puede contener el impulso de acabar con ella, también reconozco que disfruté sentir su dolor recorrer su cuerpo y ver su linda y redonda cara de suplica pidiéndome que parase, pero no, no lo hice inmutable continúe con mi tortura y acabe uno por uno con sus miedos, sus pensamientos suicidas y su deseo insaciable de cerrar los ojos por última vez, luego de volverla mierda, y decirle todo lo que ella no era, la abrace, la acaricie y le dije que la amaba, que siempre la iba a amar, mientras su pequeño cuerpo se desvanecía entre mis brazos, sin saber que por fin su deseo sería cumplido, la solté suavemente y luego la enterre.
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